La casa del justo permanecerá

Los impíos son derribados y ya no existen, pero la casa de los justos permanecerá. El hombre será alabado conforme a su discernimiento, pero el perverso de corazón será despreciado.
Proverbios 12:7-8 (LBLA)

Cambiador del Mundo: Solamente Dios y Su Palabra pueden sacarnos de la oscuridad y profundas tinieblas de este mundo que mantienen esclavizado al hombre bajo sus reglas y como consecuencia podemos revisar hoy los frutos de caminar sin Dios y son: matrimonios que se han divorciado, padres que abandonan el hogar, violencia doméstica, repudio hacia el matrimonio, y todos los falsos conceptos que la maldad de la humanidad sin Dios está tratando de inventar como opciones para que según ellos vivan felices. Pero han pasado prácticamente 6000 años y no vemos por ningún lado de la historia, algo que sin Dios haya tenido éxito y bendición verdadera y duradera, por el contrario vemos hijos huérfanos, mujeres repudiadas o en viudez, a causa de la severa destrucción familiar por todas las naciones. La Biblia dice que Cristo vino a dar vida en abundancia pero por supuesto hay que primero arrepentirse y confesarle todos los pecados e invitarlo como Rey y Señor a nuestra vida y corazón (Juan 10:10, Romanos 10:8-13). A todos estos que practican el pecado y viven en impiedad, Dios les está dando todavía la oportunidad de que vengan al arrepentimiento y que lo reciban a Él como su Salvador, para que sus familias tengan una nueva oportunidad de poder ver la mano amorosa de Dios (Juan 3:16). El hombre sabio es aquel que ha recibido a Jesús en su corazón y le ha entregado toda su vida para que el Hijo de Dios cumpla Su propósito eterno en él. Y por eso la Biblia menciona que la casa de los justos permanecerá para siempre, porque se edificó sobre la roca (Mateo 7:24-29). Cristo en nosotros nuestra esperanza de gloria y nuestra victoria que por Su gracia nos ha sacado de las profundidades del pecado y nos ha abierto un camino de salvación y reconciliación con Dios Su Padre, para dar testimonio y cambiar el mundo (Juan 14:6, Colosenses 1:26-27, 1 Corintios 15:10, 57). Aleluya.

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