Oye, hijo mío, recibe mis palabras

Oye, hijo mío, recibe mis palabras, y muchos serán los años de tu vida. Por el camino de la sabiduría te he conducido, por sendas de rectitud te he guiado.
Proverbios 4:10-11 (LBLA)

Cambiador del Mundo: Nuestro corazón tiene que estar lleno de gozo porque Dios mismo nos ha reconocido como hijos Suyos, por cuanto hemos creído en Jesús y hemos recibido Su Espíritu Santo y estos dos regalos permiten que recibamos Sus palabras, las abracemos en nuestra vida porque eso producirá largura de días. Dios desde el principio ha querido conducirnos por medio de Su sabiduría, por sendas de rectitud y sin embargo en el huerto el hombre y su mujer rechazaron este regalo, pero ahora nosotros los cristianos verdaderos que dependen totalmente de Jesús, hemos vuelto a recibir ese regalo porque Cristo mismo es el camino, la verdad y la vida que nos lleva de regreso a Dios Padre (Juan 14:6). El Apóstol Pedro habló de que cuando el Señor nos llama, Él quiere que consagremos nuestra vida y por lo tanto el enseña que el tiempo que nos quede en este mundo, que no vivamos con las mismas pasiones humanas que teníamos antes de Cristo, sino para hacer la voluntad de Dios. Basta ya el tiempo pasado para haber hecho lo que nos agradaba cuando no conocíamos a Dios, recordando que habíamos caminado en pecados, incluyendo idolatría que con toda seguridad nos llevarían a una muerte eterna. Y por eso ahora muchos se sorprenden de que ya no corramos con ellos en el mismo desenfreno y hasta nos ofenden porque nosotros nos hemos entregado a Dios, pero también ellos darán cuenta al Todopoderoso el día que se presenten ante el Tribunal de Cristo (1 Pedro 4:1-6, 2 Corintios 5:10). Así que, pidámosle hoy a Dios que Su gracia, amor y misericordia, sigan juntamente con Su Espíritu Santo en nosotros, para que nunca nos apartemos de Su camino. Cristo en nosotros siga siendo nuestra esperanza de gloria, nuestra victoria que por medio de la gracia dada por Dios, nos permitan ir a todas la naciones a predicar el Evangelio para cambiar el mundo (Colosenses 1:26-27, 1 Corintios 15:10, 15:57, Mateo 28:19-20). Aleluya.

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