Seamos cristianos diligentes para Dios

En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.
Romanos 12:11-13 (RV1960)

Cambiador del Mundo: Es una urgencia que tenemos los cristianos de que la gracia de Dios nos permita hacer más cada día Su voluntad, presentando nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios y no conformarnos a este siglo, ya que Él nos ha renovado nuestro entendimiento y gracias a eso ahora estamos disfrutando y caminando por Su buena voluntad que es agradable y perfecta (Romanos capítulo 12). Necesitamos además del amor del Señor que ha puesto en nosotros, que operemos bajo el poder de Su gracia mediante la fe en Su Nombre, porque todavía hay muchas personas en el mundo que no conocen a Dios ni tampoco a Su Hijo Jesucristo y por eso es necesario que nosotros prediquemos incansablemente el evangelio para que muchos se entreguen a Jesús. *El amor de nosotros por nuestro prójimo entreguémoslo sin fingimiento y que podamos ser un testimonio de estar viviendo lo que predicamos e impactando muchos corazones que no terminan de rendirse a Dios. Estamos en los últimos tiempos tal como lo profetizó nuestro Señor Jesucristo: sufriendo guerras, rumores de guerras, falsas doctrinas, pestes, hambres, terremotos en diferentes lugares, todo esto es como un principio de dolores porque además vendrán tribulaciones, crímenes y el pueblo de Dios será aborrecido por todas las personas, por causa del Nombre de Jesús (Mateo capítulo 24). Levantémonos y seamos diligentes buscando alcanzar muchas personas que todavía no han oído de la gran salvación y vida eterna que solo hay en Jesucristo (Mateo 28:19-20). Hoy es el día de que tú también puedas formar parte del Cuerpo e Iglesia de Cristo si aún no te has rendido a Él, pues recuerda que El te ama y que murió por ti (Romanos 10:8-13). Cristo en nosotros nuestra esperanza de gloria y nuestra victoria que cambia el mundo (Colosenses 1:27, 1 Corintios 15:10, 57). Aleluya.

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