Oh Dios, un cántico nuevo te cantaré

Oh Dios, un cántico nuevo te cantaré; con arpa de diez cuerdas cantaré alabanzas a ti, el que da la victoria a los reyes, el que rescata a David su siervo de espada maligna.

Salmos 144:9-10 (LBLA)

Cambiador del Mundo: Cuando nosotros venimos a Cristo, muchos no sabíamos la importancia de alabar Su Nombre, de deleitarnos en Su presencia y de derramar nuestra vida a Sus pies. Y obviamente la religión nunca enseñará nada de eso por cuanto el enfoque religioso es cómo obtener más de Dios sin comprometernos con El, es decir, satisfaciendo nuestro Yo. Pero cuando nosotros tenemos una experiencia personal de amar a Jesús y entregarle nuestra vida, reconciliándonos con El, y pidiéndole perdón por nuestros pecados, entonces nosotros entendemos por qué David el niño cantor de Israel y luego el Rey más poderoso del pueblo de Dios, pasó tanto tiempo escribiendo los Salmos y regocijándose en los brazos espirituales de Dios su padre, cada día de su vida. Sus cánticos aun en sus derrotas o en sus pecados cuando venía a Dios arrepentido, nunca faltaron, él no fue perfecto pero si fue sincero y genuino delante del Señor y todo esto a pesar de que era un hombre conforme al corazón de Dios (1 Samuel 13:14). ¿Qué queremos entender hoy respecto a estas escrituras y a este testimonio? Que nosotros no somos mejores que David, pero tenemos la ventaja de que ya Cristo murió por Su Iglesia y resucitó y le ha dado vida nueva y además ha llenado el corazón de Sus discípulos con el poder del Espíritu Santo que ahora habita en nosotros, ya no es un visitante temporal en las personas como sucedía en el Antiguo Testamento, sino que ahora Él vive en nuestro corazón y nosotros somos Templo de Su Espíritu Santo (Romanos 6:1-13). Pidámosle hoy a nuestro Señor Jesucristo que nunca Su Espíritu se vaya de nosotros y que no permita que lo contristemos para que también tengamos cántico nuevo al que da la victoria a los hijos de Dios (Efesios 4:30). Vamos a cambiar el mundo. Aleluya.

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