Israel y su nuevo mapa de alianzas en la región, una estrategia geopolítica impecable

Desde el mes de agosto Israel ha emprendido, con la ayuda de Estados Unidos, una carrera de acuerdos de normalización de relaciones sin precedentes con, hasta ahora, cuatro nuevos aliados musulmanes. Esto no sucede por casualidad.

 

Hasta el 13 de agosto de 2020 Israel solo había firmado la paz con dos de sus vecinos: Egipto, en 1979, y Jordania, en 1994. Y en los últimos cuatro meses ha alcanzado reconocimiento y relaciones diplomáticas y comerciales completas con cuatro naciones, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin, Sudán y, recientemente, Marruecos.

Cada uno de ellos con su significancia e importancia, diversidad de población y relevancia para Israel y los intercambios que ahora comienzan entre las naciones.

Desde hace años Israel ha mantenido relaciones discretas con países como Marruecos, EAU y Arabia Saudita, sin embargo, aquellos estados no querían hacer públicas estas conversaciones porque el mundo árabe lo interpretaría como una traición a la causa palestina.

El consenso árabe ha sido no relacionarse con Israel hasta que la cuestión palestina, su futuro estado, sus fronteras y retorno de refugiados, sea resuelta.

Sin embargo, las cosas se han demostrado ser más flexibles.

 

Diplomacia para evitar el enfrentamiento bélico

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha recibido el respaldo incondicional del presidente saliente Donald Trump, y el rediseño de este nuevo Medio Oriente es un trabajo, probablemente aún en progreso, en colaboración plena de ambas administraciones que entienden que el mayor peligro para la región y el mundo es Irán.

Teherán y sus proxies, como Hezbolá, continúan siendo una seria amenaza para Israel. Irán invierte ingentes recursos en prepararse para un ataque a Israel y su retórica nacional no deja de confirmarlo.

Solemos entender que en la actualidad esta parte del mundo está dividida en cuatro bloques regionales, con ideologías y prioridades diferentes, todas en competencia. Estos bloques serían, en primer lugar, Irán y el eje chiita (que incluye la Siria de Bashar el Assad, la organización terrorista Hezbolá, de El Líbano, milicias prosirias, milicias iraquíes chiitas y el movimiento yemenita Hutu). Aunque de ideologías opuestas, algunos laicos, otros islamistas, todos se oponen a las actividades de Israel, Arabia Saudita y la OTAN en la región.

En segundo lugar, estaría el bloque compuesto por Turquía y los Hermanos musulmanes, en tercer lugar, los países árabes sunitas prooccidentales, liderados por Arabia Saudita, EAU y Egipto y en cuarto lugar el bloque yihadista, identificado con el Estado Islámico, pero que está en declive.

La jugada israelí de establecer relaciones diplomáticas plenas e incentivar el comercio, intercambio tecnológico y de conocimiento con las naciones sunitas prooccidentales es un modo de aislar a Irán económicamente; crear prosperidad y buenas relaciones con otros países de la región, ampliar ese círculo y esperar que, quizás, llegue el día en que todo medio oriente esté dispuesto a formar parte de una región pacificada empieza a parecer no solo un objetivo legítimo, sino incluso posible.

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