El que ama a su hijo, lo corrige

El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige. Proverbios 13:24 (RVR1960)

Cambiador del Mundo: Este versículo puede resultar muy controversial sobre todo para aquellas personas que no tienen una relación personal con Jesús, ni tampoco leen las Escrituras y por lo tanto deciden no corregir a sus hijos sino dejarlos crecer haciendo lo que ellos quieren y hoy vemos el fruto en las calles, de una juventud rebelde totalmente apartada de los caminos de Dios y sin respeto a sus padres y a las autoridades. La disciplina es parte del amor que un padre puede tener por su descendencia y es fundamental para la enseñanza de cómo alcanzar el propósito y la madurez que Dios manda para toda persona aquí en la tierra (Hebreos 12:5-11). Todo tiene que empezar en los niños despertándole el amor a Jesús desde temprana edad con unos padres que se preocupen de ser un buen testimonio para ellos dejando huellas claras que los hijos puedan seguir. Pero si tenemos una actitud de ignorar este tema de la disciplina, provocaremos hijos rebeldes en la familia que tarde o temprano se van a tener que topar con la disciplina de un maestro, de un policía, de un juez, de una cárcel o tristemente de un cementerio, por cuanto nunca conocieron límites que frenaran sus caprichos y desobediencia. En el libro a los Efesios, el Apóstol Pablo enseña que los hijos obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo. Honrar a un padre y a una madre, es el primer mandamiento con promesa para que nos vaya bien y seamos de larga vida sobre la tierra. Y todos aquellos que son padres, tampoco provoquen a ira a sus hijos sino criarlos en amor, disciplina y amonestación del Señor, es decir con la Biblia (Efesios 6:1-4). Hoy es el día de recibir a Jesús en tu corazón si todavía no lo has hecho, solo basta que le pidas perdón por todos tus pecados (Romanos 10:8-13). Cristo en nosotros la esperanza de gloria y nuestra victoria que nos permite cambiar el mundo (Colosenses 1:26-27, 1 Corintios 15:10, 57). Aleluya.

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