La mano laboriosa recoge riquezas.

Las riquezas de vanidad disminuirán; Pero el que recoge con mano laboriosa las aumenta. Proverbios 13:11 (RVR1960)

Cambiador del Mundo: En Cristo Jesús, todos aquellos que se han entregado a Él, han decidido dejar atrás las riquezas de vanidad, que son todas aquellas que el mundo ofrece para engañar y seducir a la humanidad, para desviarla de las verdaderas riquezas eternas, descritas en la Biblia. Cuando comenzamos a leer la Palabra y a escudriñarla nos podemos dar cuenta que antes de Cristo vivíamos muy lejos del propósito eterno para el cual fuimos creados, pues vivíamos con la mente llena de orgullo pensando con nuestra auto suficiencia y creyendo que nosotros íbamos a alcanzar felicidad, paz y amor sin contar con Dios o quizá con un poco de religión de domingo (Romanos capítulo 3). Pero cuando uno se convierte a Jesús, se le caen las escamas de los ojos como el Apóstol Pablo y empieza a ver la triste realidad en la que se vive cuando Cristo no es nuestro Rey y Señor (Hechos capítulo 9). Entregarse a Dios es romper nuestro alabastro y derramar nuestra vida como perfume a los pies de Jesús (Juan capítulo 12). Es dejar de tener planes e ideas propias basadas en nuestro conocimiento o experiencias y empezar a escuchar atentamente la voz del Espíritu Santo que con toda seguridad empieza a hablarnos día a día, a abrirnos y cerrarnos puertas, para que nada ni nadie nos desvíe de la puerta estrecha y del camino angosto que empezamos a recorrer desde el día de nuestra conversión al cristianismo (Mateo 7:13-14). Dios nos ha escogido y predestinado a muchos de nosotros y por lo tanto no debemos dejar pasar nuestro llamado, sino dejar que Dios tome el control absoluto de nuestros pensamientos, palabras y acciones, porque para eso hemos sido llamados y perdonados. Si todavía no has confesado a Jesús como tu Rey y Salvador, hoy es el día que le declares tus pecados y lo recibas en tu corazón para que El cumpla Su propósito en tu vida (Romanos 10:8-13). Cristo en nosotros la esperanza de gloria y nuestra victoria que por Su gracia nos está permitiendo cambiar el mundo (Colosenses 1:26-27, 1 Corintios 15:10, 57). Aleluya.

 

Photo by Oliver Pacas on Unsplash

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