La Oración, línea directa con nuestro Padre

A quién no le gusta pasar tiempo y hablar durante horas con su mejor amigo. También es fácil hablar de muchas cosas con alguien cuando sabes que te ama incondicionalmente. Pues, bien, en eso mismo consiste la oración. La oración es nuestra línea directa que nos permite hablar Dios. Él quiere que nosotros nos comuniquemos con Él, como una llamada telefónica de persona a persona.

Así como tu teléfono celular, aparatos que se han vuelto imprescindibles y convertido en parte de nuestra vida –y prácticamente no podríamos en este tiempo vivir sin ellos-, así mismo debe haber en nosotros esa necesidad para hablar, tener comunicación e intimidad con nuestro Padre Celestial.

Mediante la oración, podemos buscar en Dios su consejo y orientación (Ex 33:13; Sal 86:11), le podemos expresar una petición (Jue 3:9; 2 Sa 22:7; Jr 15:15), podemos agradecer lo mucho que Él nos bendice y nos ama (Fil 4:6; Da 6:10; Col 3:17) y para rendirle adoración.

La oración es fuente de poder para el creyente. El mismo Señor Jesús, buscaba siempre el rostro de Dios en oración muy temprano en la mañana y luego fortalecido con su presencia sanó enfermos, resucitó muertos e hizo muchos milagros.

¿Y cómo debo orar?

El Señor Jesús, a petición de sus discípulos para que les enseñase a orar, les dijo: “Cuando oren, digan:

Padre nuestro que estás en los cielos (Lc 11:2). En las oraciones que registran los evangelios nos muestra que el Señor Jesús siempre se dirigía a Dios como su Padre (Mt 11:25, 26:39 Jn 11:41, 12:27-28, 17:1-2, Lc 23:4), enseñándonos así, que podemos acercarnos de una manera más íntima a Dios. En el Antiguo Testamento nadie se atrevió a llamar a Dios “Padre”. Solo Cristo hizo esto. De tal manera que ahora, tú mismo al recibir a Jesús como tu Señor y creyendo en Él, eres adoptado y hecho hijo de Dios (Jn 1:12). Así que debes reconocerlo como tu Padre, así como Él te reconoce como su hijo. ¡Renaces a una nueva vida! (Juan 3:5,6).

Santificado sea tu Nombre (Lc 11:2). Santificar el nombre de Dios es consagrarte para Él. Él te ha hecho Su hijo y ahora tienes su Nombre. Así como fuiste registrado al nacer, mediante un acta de nacimiento, -donde está también el nombre de tus progenitores-, y ahora eres de la familia de Dios. Llevas el Nombre de tu Padre Celestial y debes guardar esa “reputación”.

Venga tu reino (Lc 11:2). Cuando Jesús dijo la frase “Venga tu Reino” a los discípulos, hacía referencia al reino espiritual de Dios. Debido que los judíos pensaban que el Mesías restauraría el reino físico de Israel y los liberaría del sometimiento romano (Hch 1:6). El reino de los cielos esta entre los hombres desde el día que Dios se humanó y se hizo como uno de nosotros, para morir en una cruz y reconciliarnos con Dios (Is 9:11; Lc 17:20-21; Mt 4:17). Pídele que Él reine y tome el control de cada una de las áreas de tu vida. Así, se extenderá su reino entre nosotros.

Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra (Lc 11:2). Cuando oramos y decimos que se “Haga Su voluntad”, estamos pidiendo a Dios que sus propósitos se cumplan en cada uno de nosotros. La Biblia nos enseña que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta (Ro 12:2). Aunque muchas veces nosotros no la podamos entender. La Escritura dice: “Sus caminos son más altos que nuestros caminos y sus pensamientos son mejores que nuestros” (Is 55:8-9).

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy (Lc 11:3). Ahora que Dios es tu padre, Él es nuestro sustentador y proveedor material (Mt 17:24-27; Lc 5:5-6), y también espiritual (Jn 6:51; 1 Co 1:5). Pero en particular el Señor Jesús siempre enfatizaba en la importancia del alimento espiritual. “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre” (Jn 6:27).

Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben (Lc 11:4). Nuestra deuda con Dios, era el pecado, como lo expresa Romanos 3:23 “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. La Biblia nos enseña que también debemos perdonar a quienes nos ofenden para que también seamos perdonados por Dios (Mt 6:14-15). Al perdonar las ofensas de otros, Dios quiere enseñarnos a limpiar nuestro corazón de orgullo, rabia, rencor, odio, celo, envidia y todo tipo de mal, que a la larga nos afecta a nosotros mismos. Uno de los ejemplos que encontramos en la Biblia es la oración de Jesús cuando dijo “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23:34). Otro ejemplo, fue la oración de Esteban mientras era apedreado, dijo: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió” (Hch 7:60).

Y no nos dejes caer en tentación, más líbranos del mal (Lc 11:4). Cuando ores, pídele a Dios ser librado de los engaños del enemigo. Todos los cristianos enfrentamos tentaciones y muchas se deben a los deseos de la carne (Santiago 1:13-14). Algunas veces ocurre de una manera tan sutil que simplemente no nos damos cuenta. Dios nos ha prometido que no permitirá que seamos tentados más de lo que podamos soportar (1 Co 10:13). Pero tenemos que pedirle que nos ayude a reconocer esa debilidad y nos de fuerza para enfrentarla. Y la mejor manera de enfrentar la tentación es en oración: “Tengan cuidado y oren, para que no entren en tentación”.

El Señor nos dice que cuando oremos: Pidamos y se nos dará, Busquemos y encontraremos, llamemos y se nos abrirá.

Orar con nuestras propias palabras y en secreto

Finalmente, una enseñanza más de Jesús sobre la oración: “Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar de pie en las sinagogas para que la gente los vea. Les aseguro que ya han obtenido toda su recompensa. Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará. Y al orar, no hablen solo por hablar, no usen vanas repeticiones imaginando que serán escuchados.” (Mateo 6:5-7).

¿Ya hablaste con tu Padre Celestial el día de hoy?

 Y aunque nuestros padres, abuelos y tatarabuelos hayan sido, o no, creyentes, sin duda, trataron de enseñarnos –en su sabiduría-, también a conectarnos con Dios. Qué bueno también fuera, que como tus ancestros y seres queridos que se han adelantado a la vida después de la vida, podamos honrarlos, rendirles tributo, inmemoriam de su esfuerzo y dedicación para que hoy, su legado, se refleje en nuestras vidas. Para ello, existe Passaway.org. Una organización en línea, donde puedes celebrar la vida de nuestros padres biológicos, que, sin duda son también el reflejo de nuestro Padre Celestial, pues vivirán mientras los recordemos.

¿Ya hablaste con tu Padre Celestial el día de hoy?

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