El Derecho de nacer, según la Biblia

El salmista David describe la herencia que Dios nos ha dado: “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre”. (Salmos 127:3).

 

Y continúa diciendo: “Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. ¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien! Mis huesos no te fueron desconocidos cuando  en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era  yo entretejido. Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación…” Expresó el salmista David haciendo una retrospectiva de su vida y de la vida humana (Salmos 139, 13-16)

 

También otro profeta escribió las Palabras que Dios mismo le dijera a Jeremías: “Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había apartado; te había nombrado profeta para las  naciones.” (Jeremías 1:5.)

 

El cristianismo, basado en principios y valores morales, éticos y espirituales consagrados en la ley mosaica, condena la interrupción de la vida, aún en gestación.  Desde el momento de la concepción, se ha demostrado científicamente que el embrión es ya en sí, potencialmente un ser humano, pues siente como tal, aunque obviamente, su desarrollo apenas empieza.

 

Sin embargo, a pesar del mismo punto de vista científico y bioético señalan que el sólo embrión no es en sí  una “persona”. El profeta Jeremías, concluye que los seres humanos existen antes de formarse el zigoto y Dios tiene control aún antes de la gestación, independientemente de cómo se haya dado, pues tiene como fin, la procreación de la vida humana.

 

En la misma ley de Dios, Moisés escribe categóricamente: “No matarás”. Y simplemente podemos preguntarnos, ¿En qué mente o raciocinio cabe cegar la vida de un ser no nacido, cuánto más si se trata de un descendiente nuestro? Lamentablemente, hasta se ha tomado como “método de planificación”, o simplemente, de “solucionar un aparente problema por un embarazo no deseado”.

 

La Biblia y la persona humana

Dios diseñó la “vida humana”, su máxima creación, a quien le dio voluntad y capacidad de elegir, y a pesar de que Dios le ha dicho al ser humano: “Elige pues la vida para que vivas tú, tus hijos y los hijos de tus hijos” (Deuteronomio 30:19) el criterio humano ha sido la desobediencia, lo cual ha traído consecuentemente todo lo contrario a la bendición: la maldición y consecuentemente la muerte.

 

En su desobediencia, el ser humano busca infatigables respuestas y se hunde cada vez más en analogías que más allá de la unión de óvulos y espermatozoides, ADN, ni con ningún otro concepto científico moderno, la vida proyecta, según las escrituras sagradas, para deshacer las obras de las tinieblas: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo (Jesús) he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. (Juan10:10).

 

Esto es, para que dejando a un lado las obras del ladrón de la vida, que son las obras de la muerte: “robar, matar, destruir”, podamos vivir como hijos de la luz, y así demos testimonio del amor, que se hace vida, justicia y paz.

 

Recordemos que “Dios el Señor formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente.” (Génesis 2:7) En cada ser humano existente, ese hálito de vida prevalece y consecuentemente, está implícita la vida.

 

La Biblia prohíbe el aborto considerándolo como asesinato u homicidio e infanticidio, pues una vez concebidos, tienen el derecho de nacer para ver la vida y hacer de este mundo, un mundo cada vez mejor, pues Dios nos ha hecho conforme a Su imagen y semejanza.

 

“¿Quién de todos los pueblos de la tierra no sabe que la mano del Señor ha hecho todo cuantpo existe? En sus manos está la vida de todo ser vivo, y el hálito que anima a todo ser humano.” (Job 12,9-10)

 

Era tal el mandato divino que advirtió que “si en una riña los contendientes golpean a una mujer  encinta, y la hacen abortar, se les hará justicia. Si se pone en peligro la vida de la mujer, ésta será la indemnización: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por  mano, pie por pie, quemadura por quemadura, golpe por golpe, herida por herida.”  (Éxodo 21:22-23)

 

Activistas pro aborto señalan como decisión racional ética y objetiva, “basada en lo mejor de nuestro conocimiento científico”, ya que según se dice, “el feto no ha desarrollado actividad neuronal superior (4 o 5 meses)”, entonces se debate sobre si es o no un ser humano, persona, un embrionario, y matarla se podría condenar como homicidio excepto si la vida de la madre corriera riesgo”.

 

Incluso algunas legislaciones de múltiples estados divergen en que “si el embrión aún no ha alcanzado la madurez necesaria para tener actividad mental discerniblemente humana (antes de 3 meses), entonces no es una persona y no debería haber el menor impedimento jurídico para que la madre decidiera abortarlo, independientemente de las circunstancias”.

 

En todo caso, este criterio bioético y científico para llevar a cabo la interrupción temprana de una vida en curso, de si es o no ético, moral, infanticida y hasta genocida sanguinaria, no es más que la iniquidad y desobediencia humanas a la ley de Dios, que privilegia la vida por encima de todo.

 

Es tiempo que podamos ir a la presencia de Dios y rogar su perdón, por nuestra desobediencia, la cual ha traído como consecuencia, el mal sobre nuestras vidas. Pero Dios mismo se hizo un embrión, concebido por el Espíritu Santo, y pese a que se intentó cegar su vida con el infanticidio por parte de los gobernantes de la época, también tuvo el derecho de nacer.

 

Dios se hizo hombre, para darnos divinidad. Se humanó, humilló, martirizó y murió en la cruenta cruz en pago por nuestro pecado, desobediencia y maldición. Basta que mediante nuestra fe aceptemos su sacrificio en cambio nuestro, para poder tener la vida abundante y eterna que Él prometió.

 

Afortunadamente, y aunque muchos de nosotros, tal vez fuimos concebidos sin ser deseados, Dios le plació que hoy vivamos, que estemos en este mundo con un propósito. Es tiempo que celebremos la vida y también, de manera consecuente, la de nuestros ancestros y padres que nos han dado el derecho de nacer.

 

Podemos celebrar nuestra existencia a través de nuestros seres queridos (ancestros, abuelos, padres) que ya están en la presencia de Dios, en la eternidad, y hacer homenaje a su existencia y para ello existe Passaway.org , una plataforma digital en la cual podemos, mediante obituarios, imágenes, textos y videos, y rendir in memoriam de su legado, esfuerzo, trabajo y enseñanzas.

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