Andarás por el camino de los buenos, y seguirás las veredas de los justos

Así andarás por el camino de los buenos, y seguirás las veredas de los justos; Porque los rectos habitarán la tierra, y los perfectos permanecerán en ella, más los impíos serán cortados de la tierra, y los prevaricadores serán de ella desarraigados.

Proverbios 2:20-22 (RVR1960)

Cambiador del Mundo: Dios es nuestro Padre y Él quiere que nosotros los cristianos nacidos de nuevo, caminemos como Sus hijos. Sabemos que Jesús es el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6) y por supuesto el único que nos puede asegurar la vida eterna si le permitimos que El viva en nuestros corazones y cumpla Su propósito para el cual fuimos llamados. En los versículos de este proverbio se nos habla de una manera muy clara, de que los rectos habitarán la tierra y los maduros permanecerán en ella, pero los impíos serán cortados al igual que los prevaricadores (pecadores obstinados) que también serán desarraigados. La única diferencia entre el mundo y un verdadero cristiano, es el arrepentirse y confesar a Jesús como Señor y Salvador y declarar a Dios como nuestro Padre, al que podemos acudir de día y de noche y abrirle nuestro corazón y derramar nuestro amor, gratitud y alabanza por el rescate que hizo de nuestra vida, que estaba destinada a una muerte eterna (Salmos 1:1-3, Efesios capítulos 1 y 2). Por eso es importante que no caminemos de oídas como cristianos, sino que pasemos tiempo leyendo la Biblia, orándole a Dios poniendo nuestra mirada en los cielos y pidiendo que la misma fe de Jesús, esté en nosotros como lo dijo el Apóstol Pablo en su carta a los Gálatas 2:20: con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, mas Él vive en mí, y lo que ahora vivo, lo hago en la fe del Hijo de Dios. Por lo tanto deleitémonos y descansemos en los brazos de nuestro Padre Celestial y no importa si en la tierra no tuvimos un padre natural que derramara su vida en nosotros, ese pudo haber fallado, perdonémoslo y miremos a los cielos, porque Dios es un Padre que nunca falla ni retarda Sus promesas a Sus hijos. Cristo en nosotros la esperanza de gloria que cambia el mundo (Colosenses 1:26-27). Aleluya.

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