Alabaré al Señor mientras yo viva

¡Aleluya! Oh alma mía, alaba al Señor. Alabaré al Señor mientras yo viva; cantaré alabanzas a mi Dios mientras yo exista.

Salmos 146:1-2 (LBLA)

Cambiador del Mundo: ¿Cuándo fue la última vez que tuvimos un tiempo exclusivamente de alabanza para Dios donde solamente éramos nosotros y El? Nuestra alabanza puede estar compuesta por cánticos, palabras, acciones y pensamientos, todo esto cuando glorifica a Dios es como un olor fragante que sale de nosotros y llega hasta los cielos. Nosotros los cristianos nacidos de nuevo, debemos de tener como prioridad perfeccionar nuestra alabanza y esto solamente se logra cuando mantenemos un espíritu humilde que derramamos delante del trono de la gracia de Dios, sin importar los minutos o las horas que pasemos delante de Él. Alabar a Dios en los tiempos cuando todo nos va bien, puede resultar fácil, pero alabarlo en los momentos difíciles o cuando estamos pasando por los valles, puede resultar casi imposible, y ahí es donde necesitamos también la gracia de Dios y una fe cimentada en la roca que nunca pierda la esperanza de saber que Cristo está de nuestro lado a pesar de que veamos multitud de adversarios (2 Reyes 6:16). Cuando nuestro corazón lo ponemos en las manos de Dios y le permitimos a Él, habitar en nosotros y ser el Templo de Su Espíritu Santo, es que podremos estar seguros que día y noche estaremos escuchando la voz de Dios, dirigiendo nuestros pasos, nuestras entradas y nuestras salidas, pero sobre todo haciendo de nuestra vida un frasco de alabastro lleno del perfume que solamente en Cristo nosotros podemos tener y que aun sin palabras nuestra vida dé un testimonio constante de a quién servimos y en quién estamos derramando nuestra vida y por supuesto la respuesta será en Jesús el Hijo del Dios Altísimo. Así que procuremos que Cristo viva en nosotros porque es nuestra única esperanza de gloria que nos llevará por todas las naciones a cambiar el mundo (Colosenses 1:26-27, Mateo 28:19-20). Aleluya.

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