La Oración, línea directa con nuestro Padre

A quién no le gusta pasar tiempo y hablar durante horas con su mejor amigo. También es fácil hablar de muchas cosas con alguien cuando sabes que te ama incondicionalmente. Pues, bien, en eso mismo consiste la oración. La oración es nuestra línea directa que nos permite hablar Dios. Él quiere que nosotros nos comuniquemos con Él, como una llamada telefónica de persona a persona.

Así como tu teléfono celular, aparatos que se han vuelto imprescindibles y convertido en parte de nuestra vida –y prácticamente no podríamos en este tiempo vivir sin ellos-, así mismo debe haber en nosotros esa necesidad para hablar, tener comunicación e intimidad con nuestro Padre Celestial.

Mediante la oración, podemos buscar en Dios su consejo y orientación (Ex 33:13; Sal 86:11), le podemos expresar una petición (Jue 3:9; 2 Sa 22:7; Jr 15:15), podemos agradecer lo mucho que Él nos bendice y nos ama (Fil 4:6; Da 6:10; Col 3:17) y para rendirle adoración.

La oración es fuente de poder para el creyente. El mismo Señor Jesús, buscaba siempre el rostro de Dios en oración muy temprano en la mañana y luego fortalecido con su presencia sanó enfermos, resucitó muertos e hizo muchos milagros.

¿Y cómo debo orar?

El Señor Jesús, a petición de sus discípulos para que les enseñase a orar, les dijo: “Cuando oren, digan:

Padre nuestro que estás en los cielos (Lc 11:2). En las oraciones que registran los evangelios nos muestra que el Señor Jesús siempre se dirigía a Dios como su Padre (Mt 11:25, 26:39 Jn 11:41, 12:27-28, 17:1-2, Lc 23:4), enseñándonos así, que podemos acercarnos de una manera más íntima a Dios. En el Antiguo Testamento nadie se atrevió a llamar a Dios “Padre”. Solo Cristo hizo esto. De tal manera que ahora, tú mismo al recibir a Jesús como tu Señor y creyendo en Él, eres adoptado y hecho hijo de Dios (Jn 1:12). Así que debes reconocerlo como tu Padre, así como Él te reconoce como su hijo. ¡Renaces a una nueva vida! (Juan 3:5,6).

Santificado sea tu Nombre (Lc 11:2). Santificar el nombre de Dios es consagrarte para Él. Él te ha hecho Su hijo y ahora tienes su Nombre. Así como fuiste registrado al nacer, mediante un acta de nacimiento, -donde está también el nombre de tus progenitores-, y ahora eres de la familia de Dios. Llevas el Nombre de tu Padre Celestial y debes guardar esa “reputación”.

Venga tu reino (Lc 11:2). Cuando Jesús dijo la frase “Venga tu Reino” a los discípulos, hacía referencia al reino espiritual de Dios. Debido que los judíos pensaban que el Mesías restauraría el reino físico de Israel y los liberaría del sometimiento romano (Hch 1:6). El reino de los cielos esta entre los hombres desde el día que Dios se humanó y se hizo como uno de nosotros, para morir en una cruz y reconciliarnos con Dios (Is 9:11; Lc 17:20-21; Mt 4:17). Pídele que Él reine y tome el control de cada una de las áreas de tu vida. Así, se extenderá su reino entre nosotros.

Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra (Lc 11:2). Cuando oramos y decimos que se “Haga Su voluntad”, estamos pidiendo a Dios que sus propósitos se cumplan en cada uno de nosotros. La Biblia nos enseña que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta (Ro 12:2). Aunque muchas veces nosotros no la podamos entender. La Escritura dice: “Sus caminos son más altos que nuestros caminos y sus pensamientos son mejores que nuestros” (Is 55:8-9).

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy (Lc 11:3). Ahora que Dios es tu padre, Él es nuestro sustentador y proveedor material (Mt 17:24-27; Lc 5:5-6), y también espiritual (Jn 6:51; 1 Co 1:5). Pero en particular el Señor Jesús siempre enfatizaba en la importancia del alimento espiritual. “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre” (Jn 6:27).

Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben (Lc 11:4). Nuestra deuda con Dios, era el pecado, como lo expresa Romanos 3:23 “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. La Biblia nos enseña que también debemos perdonar a quienes nos ofenden para que también seamos perdonados por Dios (Mt 6:14-15). Al perdonar las ofensas de otros, Dios quiere enseñarnos a limpiar nuestro corazón de orgullo, rabia, rencor, odio, celo, envidia y todo tipo de mal, que a la larga nos afecta a nosotros mismos. Uno de los ejemplos que encontramos en la Biblia es la oración de Jesús cuando dijo “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23:34). Otro ejemplo, fue la oración de Esteban mientras era apedreado, dijo: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió” (Hch 7:60).

Y no nos dejes caer en tentación, más líbranos del mal (Lc 11:4). Cuando ores, pídele a Dios ser librado de los engaños del enemigo. Todos los cristianos enfrentamos tentaciones y muchas se deben a los deseos de la carne (Santiago 1:13-14). Algunas veces ocurre de una manera tan sutil que simplemente no nos damos cuenta. Dios nos ha prometido que no permitirá que seamos tentados más de lo que podamos soportar (1 Co 10:13). Pero tenemos que pedirle que nos ayude a reconocer esa debilidad y nos de fuerza para enfrentarla. Y la mejor manera de enfrentar la tentación es en oración: “Tengan cuidado y oren, para que no entren en tentación”.

El Señor nos dice que cuando oremos: Pidamos y se nos dará, Busquemos y encontraremos, llamemos y se nos abrirá.

Orar con nuestras propias palabras y en secreto

Finalmente, una enseñanza más de Jesús sobre la oración: “Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar de pie en las sinagogas para que la gente los vea. Les aseguro que ya han obtenido toda su recompensa. Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará. Y al orar, no hablen solo por hablar, no usen vanas repeticiones imaginando que serán escuchados.” (Mateo 6:5-7).

¿Ya hablaste con tu Padre Celestial el día de hoy?

 Y aunque nuestros padres, abuelos y tatarabuelos hayan sido, o no, creyentes, sin duda, trataron de enseñarnos –en su sabiduría-, también a conectarnos con Dios. Qué bueno también fuera, que como tus ancestros y seres queridos que se han adelantado a la vida después de la vida, podamos honrarlos, rendirles tributo, inmemoriam de su esfuerzo y dedicación para que hoy, su legado, se refleje en nuestras vidas. Para ello, existe Passaway.org. Una organización en línea, donde puedes celebrar la vida de nuestros padres biológicos, que, sin duda son también el reflejo de nuestro Padre Celestial, pues vivirán mientras los recordemos.

¿Ya hablaste con tu Padre Celestial el día de hoy?

MISERICORDIA

Según el diccionario, la palabra “misericordia” es la disposición a compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenas. Se manifiesta en amabilidad, asistencia al necesitado, especialmente en el perdón y la reconciliación. Es más que un sentimiento de simpatía, es una práctica. En el cristianismo es uno de los principales atributos divinos.

Ahora, el significado bíblico de misericordia da a entender: aquella habilidad que Dios da a ciertas personas relacionadas con él para que puedan sentir compasión, empatía y amor por las personas, ya sean cristianos o no, sean de ideologías diferentes, etc… Principalmente, está relacionado con aquellas personas que sufren, a los que más misericordia se pide para ellos.

El término misericordia, tiene una mezcla de compasión y gracia de Dios. En donde el amor, y la capacidad de ponerse en el sufrimiento de la otra persona es lo que definen este término. Esta palabra aparece muchas veces en la Biblia, pero es sobre todo en los Salmos donde más se menciona.

Una palabra que refleja fielmente el amor incondicional que debe de sentir un buen cristiano hacia los demás, sean o no parecidos a él, en donde sobretodo, se tiene que tener especial compasión con aquellas personas menos favorecidas en la vida.

Pero la “Misericordia” NO es lástima, que es su antagonista, pues, deriva de “lastimar”. Es decir, hacemos responsable al otro de lo que me sucede a mí: “Tu situación, me lastima a mí.” Cuando sientas lástima, te estás poniendo por encima del otro. Como diciendo “Ojalá te fuera como a mí”.

En cambio, la misericordia, mueve a la persona a la acción, a ayudar al necesitado, al afligido y al menesteroso. Y la compasión, es eso mismo, compadecerse, sentir el mismo dolor. Pero la “misericordia” es, además de todo ello, ponerse en el lugar de la otra persona, perdonar ofensas y deudas, olvidarlas y además, dar hasta la vida por esa otra persona. En la Biblia también se llama “gracia”. El amor inmerecido de Dios.

Podemos encontrar la palabra misericordia en algunos de estos pasajes bíblicos:

Génesis 19.  “He aquí ahora ha hallado vuestro siervo gracia en vuestros ojos, y habéis engrandecido vuestra misericordia que habéis hecho conmigo dándome la vida; mas yo no podré escapar al monte, no sea que me alcance el mal, y muera”.

Génesis 24. “y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de mi amo Abraham, que no apartó de mi amo su misericordia y su verdad, guiándome Jehová en el camino a casa de los hermanos de mi amo”

Génesis 40 “Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa”

La buena noticia es que la Biblia destaca la misericordia de Dios como una disposición suya que beneficia al hombre pecador y claramente estipula que tenemos salvación por su misericordia. Veamos lo que dice Efesios 2:1-5:

_ 1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, _ 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, _ 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. _ 4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, _ 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).

Como seres humanos, no mereceríamos la más mínima compasión por todo lo que hicimos en nuestra vida antes de conocer al Señor Jesús, pero no por nada se le llama a Dios “Padre de misericordia” (2 Cor 1:3). ¿Quién más sería capaz de acercarse a un mentiroso, borracho, ladrón, tramposo, estafador, adúltero, fornicario, violador o asesino (la lista podría ser más larga, el punto queda establecido con estos ejemplos) y con amor sincero perdonarlo y limpiar su corazón? Es algo que tiende a quedar fuera de la fuerza humana.

Cuando hemos sido víctimas de alguna persona, la tendencia es a maldecir y clamar por una justicia que sea y castigada. Los sentimientos de venganza tienden a ser más frecuentes que los de la misericordia. Tendemos a orar por la víctima, no por el victimario. Sin embargo, a los ojos de Dios, ambos son destinatarios de su misericordia. Él es el “Dios de toda consolación.”

_ 3 _Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, _ 4 _el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. (2 Cor 1:3-4)

En su ministerio público Jesús mostró misericordia para con los enfermos, los necesitados y los desprovistos de atención espiritual: Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. (Mat 9:35)

Como seguidores de Jesús, no sólo podemos, sino debemos mostrar misericordia. Aunque la anterior es una aseveración a la que pocos se atreverían a refutar, hay que meditar con cuidado todas sus implicaciones y evitar que se quede en lo abstracto. Igual que el discurso de Jesús acerca de que no existe mérito en amar a quienes nos aman.

Pero a estas alturas del tema, nos asaltan en nuestra mente algunos pensamientos: ¿Cómo mostrar misericordia al yerno borracho que no sólo anda con prostitutas, sino que además golpea a nuestra hija? ¿Cómo acercarse al vagabundo afectado de su capacidad mental que tiene claramente meses sin usar un jabón? ¿Cómo hacerlo cuando muchos han sido abusados por algún familiar cercano? ¿Cómo hallar tiempo para ir a visitar a la anciana enferma encerrada no sólo en su casa, sino en su propia amargura? ¿Cómo encontrar valor para dirigirse al joven pandillero que vende droga a los jóvenes en la calle?

La misericordia es sólo un bello concepto si no somos capaces de hacer algo práctico y real por alguien. M. Lunn escribió un poema inspirado en Mateo 25:31-46. Mientras lo lee con detenimiento, por favor reflexione que existe mucha gente en necesidad de consolación.

Estuve hambriento

y tú formaste un club de valores humanos

y discutiste mi hambre.

Gracias.

Estuve preso

y tú te escurriste calladamente

a tu capilla en el sótano

a orar por mi libertad.

Estuve desnudo

y en tu mente

debatiste la moralidad de mi

apariencia.

Estuve enfermo

y tú te arrodillaste y agradeciste a Dios

por tu salud.

Estuve sin hogar

y tú me predicaste

del refugio espiritual del

amor de Dios.

Estuve sólo

y tú me dejaste sólo

para ir a orar por mí.

Tú pareces tan santo

tan cerca de Dios.

Pero yo sigo hambriento

y sólo

y con frío.

Entonces, ¿adónde han ido tus oraciones? ¿Qué han hecho ellas? ¿De qué sirve a un hombre hojear su libro de oraciones cuando el resto del mundo clama por ayuda?

No olvidemos que la misericordia es una gracia que todos debemos imitar.

Recordemos que es gracias a nuestros padres, abuelos y ancestros que hoy podemos, también, mostrar misericordia con nosotros mismos, por olvidar a nuestros seres queridos que hoy están en el más allá. Pero es el tiempo de reivindicar su memoria y rendirles homenaje, y para ello existe Passaway.org. Una plataforma en internet donde puedes ingresar y celebrar la vida de todos tus seres queridos y hacer un “in memoriam”, un obituario, donde además, tu familia y amigos lo compartan.

Eso también es misericordia: reconciliación, aún con la memoria que quienes pasaron y hoy están en la vida después de la vida, pues, vivirán, mientras los recordemos.

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Los Dones y la Abundancia

Dios tiene un propósito para la vida de cada uno de nosotros, una misión, una parte importante y única que nos ha dado la oportunidad de hacer en su plan eterno, no porque él nos necesite, sino porque por amor ha determinado darnos un lugar en su obra, nos ha tendido la mano y nos ha dicho “Ven conmigo”.

Cada vez que debemos hacer una tarea necesitamos los insumos y herramientas para hacerla. Si alguien va a construir una casa necesita dinero, el terreno, los materiales, los trabajadores, etc. Necesitamos cosas para cumplir los objetivos. Del mismo modo Dios ha prometido la provisión necesaria, y aún más allá, para las cosas a las cuales nos ha llamado, Él no ha determinado que sobrevivamos la vida, sino que la vivamos y que la vivamos haciendo su voluntad.  Él nos da los dones necesarios y aún más para ello.

Dios está comprometido con Su palabra, y los principios y promesas que Él se ha dispuesto a cumplir. Promesas como su provisión, la abundancia y la sobreabundancia, están esperando para ser reclamadas por sus Hijos. Dios quiere darnos siempre lo mejor. Pero lo mejor no es lo que deseamos necesariamente, Dios no se ha comprometido a darte todo lo que quieras, Dios se comprometió a proveernos todo lo necesario para cumplir nuestro propósito en la tierra, para hacer Su voluntad. “Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” Isaías 55:11.

Cada uno, según el don que ha recibido (un talento espiritual en particular, un legado divino), minístrelo a los demás, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. (mayordomos fieles de las muy diversas capacidades y dones que Dios ha dado a los creyentes mediante su favor desmerecido). 1 Pedro 4:10.

En este pasaje indudablemente encontramos una clara declaración de que Dios ha dado un don a cada uno de sus hijos. Aquí también encontramos un mandato para que utilicemos estos dones para el beneficio de otras personas. Podemos tener la plena seguridad de que Dios no nos mandará a utilizar algo que no poseemos. Sin embargo, ¿cómo obtenemos estos dones?

La palabra griega para “don” en este versículo es carisma, la cual según el diccionario griego define como “algo que Dios da gratuitamente… un presente espiritual… un regalo gratuito.” De modo que esto no es algo que podamos ganarnos; de hecho, la Biblia no dice que tratemos de merecer nuestro don, sino de utilizarlo. Este tipo de don es algo que ya poseemos, algo que Dios nos dio a cada uno de nosotros cuando Él nos creó.

HAY TRES CLASES DE DONES, SEGÚN LA BIBLIA:

1 Los Dones Ministeriales

La segunda lista de dones la encontramos en Efesios 4. En este texto, la palabra para don que se utiliza en el versículo 8 cuando dice: “…Subiendo a lo alto… y dió dones [doma] a los hombres” significa literalmente “un presente”. Si examinamos este versículo en su contexto, vemos que después que Jesús ascendió al Padre, Él dió dones a las personas a quienes había llamado y dotado para dirigir y capacitar al resto del Cuerpo de Cristo.

Aunque muchas versiones no repiten la palabra “don”, en el versículo 11, dice: “Y sus dones fueron [variedad; Él mismo constituyó y nos dio hombres,] algunos para ser apóstoles (mensajeros especiales), otros profetas (predicadores del evangelio, misioneros itinerantes), otros pastores (los que pastorean su rebaño) y maestros. Efesios 4:11.

2 Los Dones de Manifestación

En 1 Corintios 12, dice: “Pero a cada uno le es dada por la manifestación del Espíritu (Santo), es decir, la evidencia, la iluminación espiritual del Espíritu (Santo), para provecho. Porque a éste es dado por el Espíritu (Santo) [el poder para hablar] palabra de sabiduría; a otro, [el poder para expresar] palabra de conocimiento (“ciencia“) según el mismo Espíritu (Santo) a otro, fe (que hace maravillas) por el mismo Espíritu (Santo); y a otro, dones (extraordinarios) de sanidades por el Espíritu; a otro, el hacer milagros; a otro, profecía, es decir, el don de interpretar la voluntad y el propósito divinos; a otro, la habilidad de discernir y distinguir entre [la palabra del espíritu de verdad [y los falsos]: a otro, diversas lenguas

[desconocidas]

; y a otro, la interpretación de [tales] lenguas”. (1 Co. 12:7-10).

Estos dones son manifestaciones sobrenaturales del Espíritu Santo que obran a través del creyente. 

La Biblia nos muestra que es la persona a quien se le ministra quien realmente recibe los dones (como cuando Jesús sanó al ciego o al paralítico). La segunda razón es porque nadie puede dictar cuándo será utilizado el don; el Espíritu es el encargado de que los dones trabajen a través de vasos disponibles y dispuestos.

3 Los Dones Motivacionales

En Romanos 12, dice: “De manera que, teniendo diferentes dones (facultades, talentos,

cualidades), según la gracia que nos es dada, usémoslos: [El que tiene el don de profecía, [que profetice], conforme a la medida de fe; [El que tiene el don de] servicio, que se dedique a servir, el que enseña, que se dedique a la enseñanza; el que exhorta (anima) que se dedique a la exhortación; el que reparte, que lo haga con sencillez de corazón y liberalidad; el que preside, que presida con solicitud, de todo corazón; el que hace misericordia, que lo haga con verdadera alegría y entusiasmo”. (Rom.12:6-8)

La palabra griega que se usa aquí es carisma, la misma palabra que encontramos en 1 Pedro 4:10. Creemos que esta es la categoría de dones a la cual se refería Pedro cuando dijo que deberíamos emplear los dones para el beneficio de otras personas. Nótese que este pasaje en Romanos nos anima a utilizarlos. Este versículo es como una repetición, un eco de lo que Pedro declara. 

Estos dones que muchos de nosotros poseemos, que Dios ha creado en nosotros y hecho parte de nosotros, para ser utilizados para el beneficio de los demás y para su gloria. Al igual que todos los demás dones, Dios nos los da por gracia. Nosotros no los merecemos. Sin embargo, Dios nos los da porque nos ama tanto. Estos son dones que moldean nuestra personalidad. 

Debido a que Dios nos ha creado con libre albedrío, podemos escoger usar los dones motivacionales apropiadamente, o bien ser negligentes con ellos y abusar de ellos. Para poder “escoger” utilizar estos dones de acuerdo a la voluntad de Dios, es importante tener un entendimiento claro de lo que son y de cómo funcionan.

En la medida que nosotros identifiquemos y apliquemos estos talentos, estos dones dados por Dios, tendremos sencillamente: abundancia. Y no solamente abundancia económica, pues, ¿de qué vale que seamos ricos y no compartimos los dones dados por Dios? Tendremos abundancia de conocimiento en la música, en las matemáticas (Ciencia), en el arte, etc. Pero depende de cada uno, el usar esa habilidad para tener abundancia para compartir con quienes necesitan de nosotros.

Así, la abundancia simplemente será consecuencia de saber identificar y usar los dones y talentos. Sin embargo, el famoso “capítulo del amor”, 1 Corintios 13, el apóstol Pablo señala un punto importante: ya sea que estemos usando los dones motivacionales, ministeriales o los de manifestación, si no lo hacemos en amor – el amor ágape de Dios – no estamos haciendo nada. Es una advertencia apropiada que siempre debemos recordar. Recordemos que esos dones, habilidades y talentos y hasta oficios, muchos de ellos son heredados por nuestros padres y ancestros. También nos corresponde ser agradecidos con quienes nos dieron la vida: El mayor don de todos y, en consecuencia, no podemos pasar por alto celebrar la existencia de esos seres queridos y para ello, existe una plataforma en la internet: Passaway.org, donde podemos compartir imágenes, videos, textos y un sinnúmero de dedicatorias, homenajes y tributos. Ese es otro don: ser agradecidos y celebrar la vida después de la vida. Pues ellos, -nuestros ancestros- vivirán mientras los recordemos.

La fe activa el poder de Dios

En nuestros hogares, todos acostumbramos a encender los equipos electrodomésticos, sin que nadie nos pregunte quiénes somos o con qué derecho usamos la energía. Espiritualmente ocurre de la misma manera: el poder, las bendiciones y las promesas de Dios se encuentran a la disposición de todos sin establecer diferencias de ninguna clase. Lo único que se necesita para alcanzarlos es la fe.

 

Una mujer fue sanada de un flujo de sangre al tocar a Cristo en secreto. Él no sabía quién le había tocado, pero cuando ella lo admitió, Jesús le dijo: “Tu fe te ha salvado”. Su sanidad se encuentra disponible a todo aquel que realice el contacto de fe. Pedro, aun después de haber tratado con Jesús durante tres años, aprendió que el contrato de Dios con la raza humana contiene una gloriosa cláusula  que no discrimina a nadie. Conoció a un soldado romano y a otros que venían con él, fuera del territorio de Israel, y supo que Dios había contestado sus oraciones, lo cual dejó a Pedro asombrado, siendo él un judío estricto, y dijo: “Ahora comprendo que en realidad para Dios no hay favoritismos, sino que en toda nación él ve con agrado a los que le temen y actúan con justicia” (Hechos 10:34-35). En esto consiste el maravilloso carácter de la fe cristiana y del Señor, quien no hace acepción de personas. El Evangelio recibe y abraza a todo el que lo desee.

 

La fe constituye el pasaporte, la visa y la carta de entrada al Reino de Dios, los cuales no se obtienen mediante normas y reglas de alguna organización. Nadie tiene derecho a señorear sobre los cristianos y hacerles entrar hacia las bendiciones de Dios por una pequeña puerta de su propiedad, dictándoles cómo deben vivir sus vidas. Solamente la fe puede abrir la puerta, no una vida conformada según las ideas de algunas personas en cuanto a lo que es bueno o malo, ejerciendo el control opresivo, disfrazándolo como “protección y cuidado”. Cada uno de nosotros es responsable por su propia vida, y no podemos alabar o culpar a nadie por decirnos lo que teníamos que hacer.

 

Los grupos religiosos que requieren sumisión personal a un líder, no constituyen iglesias, sino sectas. Una iglesia contiene toda clase de personas de diferentes grados de progreso espiritual. La única presión debe ser la exhortación a someterse a La Palabra de Dios. Si los miembros de la iglesia comienzan a inclinarse ante las órdenes de un líder, no están haciendo otra cosa más que ir en pos del culto a la personalidad. Existe un gran peligro cuando se exalta a una persona por poseer una relación con Dios más estrecha de lo normal.Ni aún Cristo, el verdadero Maestro, interfirió en las simples decisiones de sus seguidores, sino que les permitió desarrollar sus propios asuntos conforme a la sabiduría humana. Cristo no dio órdenes, pues no era un dictador. No le dijo a nadie dónde debía vivir o trabajar, dónde debía ir, qué hacer con su dinero o sus propiedades, ni con quién debía casarse. Los discípulos servían a Cristo por amor, y harían cualquier cosa por Él, sin embargo, Él nunca presumió ni se aprovechó de ellos.

 

Cuando hablamos acerca de la fuente de energía, cualquiera puede conectarla, lo cual es cierto, pero en Cristo no somos cualquiera, sino que todos tenemos un valor, hasta el ladrón que colgaba en la cruz. Cristo nunca trató a las personas como “las masas”. Las compañías de electricidad en la Tierra nos tratan como anónimos, para ellos no somos más que consumidores desconocidos, pero conectarnos por fe a la fuente espiritual no constituye un vínculo a ciegas, sino que al acercarnos, todos somos reconocidos por nuestro nombre. Algunas personas hablan sobre el amor a la humanidad pero odian a su vecino. Jesús vino para salvar al mundo y amó aun a sus enemigos. Esto constituye una verdad simple que todos conocemos, pero quizás podemos ver algo especial en ella.

 

La Biblia hace énfasis en cambiar las naciones de todo el mundo, pero principalmente nos habla de la manera en que Dios trata con las personas, como Abraham, Jacob, José, Moisés, Davis, los reyes y profetas. Jesús no predicó sermones tan solo esperando que tuvieran un buen efecto general, Él escogió personas a quienes les encomendó las tareas necesarias. Los evangelios destacan a muchos de manera individual, aun sin mencionar sus nombres, convirtiéndose en personas imprescindibles para dar a conocer verdades espirituales.

 

Cuando creemos se produce un vivo contacto con un área vital de Dios. Existen áreas comunes, pero maravillosas en el corazón de Dios, como el perdón, la restauración y la salvación, pero cada persona establece un contacto que es único. Cada creyente conoce a Dios en una forma que nadie más lo hace, pues Dios es infinito y los aspectos de su naturaleza son interminable. Podemos conocerle a través de sus insondables profundidades, pero cada persona es diferente, y todos venimos de Dios, moldeados y conformados según su voluntad, especialmente por el nuevo nacimiento, pero “a su imagen”. Solo podemos conocer una pequeña parte de Dios, pues nos encontramos conectados solo con una minúscula porción de su naturaleza, la cual corresponde con la nuestra. En el océano de Dios existe un lugar privado para cada uno de nosotros y para nadie más.

 

Existe en cada uno una parte especial que solamente puede ser satisfecha cuando nos acercamos a Dios, quien llega hasta lo más profundo de nuestro corazón. Nunca debemos conformarnos con seguir otro camino, pues a Dios no lo podemos sustituir, ya que Él nos diseñó para que fuéramos dependientes de Él. Él es “mi Dios” para cada uno de nosotros. Cada persona posee una naturaleza diferente con pensamientos diferentes, pero Jehová es Dios para todos por igual.

 

Toda un área de la actividad de Dios comienza a funcionar cuando alguien comienza a creer, porque cada uno cree en Él de acuerdo a su propia experiencia. Cuando no creemos, falta un eslabón en la cadena de Dios. No somos extranjeros que necesitan una visa para entrar al Reino. El Señor no es un dios, o el Dios, ni aún el Dios de Abraham. Él es miDios, y se presenta a cada uno de nosotros como personas individuales. Cuando nos acercamos a Él con fe es como si llegáramos a nuestro hogar y nos hubieran estado esperando con todo listo para cuando comencemos a creer.

 

La Biblia no constituye otro libro histórico para recopilar eventos nacionales. Ella describe la forma en que Dios se ha relacionado con personas como David, Daniel, Natanael, Lázaro y Simón Pedro. No existe una relación con Cristo de manera común. Cada hombre y cada mujer establecen una relación especial con Él que nadie más puede disfrutar. Esto es a lo que llamamos una relación de fe, en la que cada quien cree en Dios de acuerdo a su propia experiencia, pero conforme al plan de Dios. No debemos tratar de ser otro Pablo, Wesley o Wigglesworth. Dios simplementenos pide que creamos, confiemos y dejemos guiarnos por Él. Y Él se encargará de todos los problemas, a nosotros nos corresponde seguir adelante.

 

La Biblia como pilar fundamental

“Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas” (2 Corintios 10:4).

 

El temor no es cosa insignificante para el que lo tiene. Satanás usa el espíritu de temor y lo disfraza en forma de palabras más aceptables como la duda, la ansiedad, la indecisión y el sobresalto. Pero de ahí el temor toma proporciones monstruosas.

 

Sin embargo, La Biblia dice que no debemos ignorar los artificios de Satanás, porque las armas de nuestra lucha no son carnales sino poderosas en Dios para derribar fortalezas.

 

Aquí vamos a hablar de varias de esas armas. Pero hay una poderosa que sobresale de todas las otras en su lucha contra el enemigo que es el temor. El arma que puede vencer total y permanentemente al temor es una fe robusta y atrevida en La Palabra de Dios. “Tomen el escudo de la fe, con el cual pueden apagar todas las flechas encendidas del maligno” (Efesios 6:16). La fe basada en La Palabra de Dios es indestructible e irresistible.

 

La Palabra

 

Quiero mostrarle el arma invencible de Dios que es La Palabra, tan viva y eficaz. Quiero que usted vea que para cada temor forjado por artificio satánico Dios tiene una respuesta en su palabra. Crea lo que Dios dice, concuerde con lo que le dice La Palabra y se pondrá en camino a la liberación del temor.

 

¿Teme usted ser incapaz? Los “no puedo” abundan. Así hablan: “No puedo ser testigo de Cristo. No puedo vivir una vida victoriosa. No puedo dormir de noche. No puedo pagar mis cuentas”. Y así por el estilo, profesando sus incapacidades. ¿Cómo se vence el temor a la incapacidad? Afirmando lo que dice Filipenses 4:13: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Todo lo que el Señor quiere que usted haga lo hará con la habilidad y la fortaleza que Él le da.

 

¿Quiere el Señor que usted le escriba una carta a alguien tocante a su salvación? Entonces el Señor le dará la habilidad de escribir esa carta con eficacia, vibrante con el poder convincente del Espíritu Santo.

 

¿Quiere el Señor que usted ore por alguien que está enfermo? Entonces el Señor le proporcionará la habilidad divina para que usted ponga en confianza sus manos sobre la persona enferma y pueda esperar resultados positivos en el nombre de Jesús.

 

¿Le está dirigiendo al Señor a orar por la liberación de alguien que esté poseído por demonios? ¡Entonces, por dotación sobrenatural, podrá usted hablar las palabras de liberación en el nombre de Jesús!

 

¿Teme usted ser débil? Dios le promete fortaleza de mi vida: “¿a quién temeré?” (Salmo 27:1). Dígalo con valor. “El gozo del Señor es nuestra fortaleza” (Nehemías 8:10). Ahora mismo sea como Pablo que mandó a los creyentes de Éfeso a que se “fortalézcanse con el gran poder del Señor” (Efesios 6:10).

 

Diga las palabras de Dios

 

“Que diga el cobarde:
‘¡Soy un valiente!’” (Joel 3:10). No importa mi propia opinión, “¡Soy un valiente!”. A pesar de los demás, “¡Soy un valiente!”. Cuando más débil me siento “¡Soy un valiente!”. A pesar de las experiencias del pasado, “¡Soy un valiente!”. No solo cuando soy valiente digo que soy valiente. Cuando esté débil he de decir: “¡Soy un valiente!”. Dios me manda que diga: “¡Soy un valiente!”. Dondequiera que esté, “¡Soy un valiente!”. Quienquiera que sea, “¡Soy un valiente!”. Así habla la fe.

 

¿Teme usted a la inseguridad? El temor a la inseguridad es uno de los artificios más sutiles que usa Satanás contra el cristiano para arrebatarles la victoria. Él atormenta a los padres jóvenes con el temor a la inseguridad de que sean capaces de proveer para su familia. Él perturba a los cristianos acianos con el temor a la inseguridad en los últimos años de su vida. Él infunde temor e inseguridad en el corazón de los que están endeudados, atormentándolos con pensamientos de que van a meterse en más deudas y en más inseguridad.

 

¿Cómo puede verse usted libre de este temor a la inseguridad? ¡Creyendo lo que dice La Biblia! ¡Confesando La Palabra de Dios! “Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

 

¿Le teme usted a las diversas enfermedades? Este es uno de los temores prominentes que atormentan a muchísimas personas. Sin embargo, la expresa voluntad de Dios nos dice en Hechos 10:38: “Me refiero a Jesús de Nazaret: cómo lo ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder, y cómo anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que estaban oprimidos por el diablo”. Este mismo Jesús sigue hoy sanando a los oprimidos por el diablo en su cuerpo. “Él cargó con nuestras enfermedades
y soportó nuestros dolores” (Mateo 8:17). Cuando usted crea de corazón que Jesús llevó sus enfermedades en su propio cuerpo y proveyó la sanidad a través de su sacrificio, usted no tendrá temor de la enfermedad y la dolencia.  “Gracias a sus heridas fuimos sanados”(Isaías 53:5). Jesús vino a quitar de nosotros lo que el diablo había puesto. David fue testigo de Dios en esto: “Él perdona todos tus pecados
y sana todas tus dolencias” (Salmo 103:3).

 

¿Le teme usted a la muerte? Fuera de Jesucristo, la muerte es verdaderamente un enemigo que hay que temer. La Biblia dice: “él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte —es decir, al diablo—, y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida” (Hebreos 2:14-15). Jesús anuncia algo glorioso: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás” (Juan 11:25-26).

 

A la luz de La Palabra de Dios, usted no tiene que seguir siendo víctima del temor. Adéntrese en La Palabra y deje que penetre en usted.

 

Satanás no puede resistirla. Fue ella lo que Jesús usó tan eficazmente cuando fue tan severamente tentado por el diablo. La Palabra dice: “el que está en ustedes es más poderoso que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). El temor es de Satanás. El poder, el amor, el dominio propio, la fortaleza y el arrojo son de Dios. Diga con David: “Busqué al Señor, y él me respondió;
me libró de todos mis temores” (Salmo 34:4).

 

La Iglesia es el instrumento de Dios para sanar al mundo

¿Qué haría Jesús si fuese alcalde? Esa es la pregunta que tenemos que hacernos en este tiempo, ya sea que veamos un pequeño acto de misericordia en una comunidad o la abolición de la esclavitud en el Imperio británico. ¿Qué contribución debe hacer la Iglesia a la sociedad en la cual Dios nos ha colocado? ¿Tendrá la Iglesia un propósito amplio que comienza con la salvación espiritual pero continúa hacia la transformación cultural?

 

La Iglesia de Jesucristo es el principal agente de Dios para representar sus intenciones en el mundo. Si creemos esto, esperaríamos ver un alto grado de transformación visible en las sociedades y culturas donde la Iglesia existe. Ciertamente, a través de la historia, la Iglesia ha moldeado su cultura. Sin embargo hoy, la historia es diferente. La Iglesia cristiana ha experimentado un rápido crecimiento alrededor del mundo, pero esta multiplicación no ha tenido un impacto en la sociedad. Aún en culturas donde cerca de la mitad de la población dice ser cristiana, vemos que los gobiernos y negocios son corruptos, las personas viven sin respetar a su Creador o a las otras personas, y naciones y tribus pelean las unas con las otras. Trágicamente, incluso ha habido genocidios donde la mayoría de la población proclama ser cristiana.

 

¿Por qué la Iglesia no ha transformado el mundo a su alrededor? A un nivel global, quizás la principal causa es la falta de un entendimiento bíblico de las intenciones de Dios para su Iglesia. Sin entender el gran papel que está llamada a desempeñar, la Iglesia de Jesucristo no podrá tener compasión, ni cumplir las intenciones de Dios.

 

Muchas iglesias de esta generación dirían que su tarea principal es cumplir la comisión de Cristo. Sin embargo, frecuentemente estas iglesias, ya sean de teología liberal o conservadora, no han captado toda la plenitud de la Gran comisión.

 

La rama conservadora de la iglesia protestante de evangélicos, carismáticos y pentecostales¾ sabe que la Gran comisión se refiere a evangelismo y plantación de iglesias, pero pocas veces reconoce que también nos ordena discipular a las naciones para que vivan bajo el señorío de Jesucristo.

 

La rama liberal de la iglesia sabe que debe tener un fuerte impacto social, pero da poca importancia a la regeneración espiritual del individuo. Ninguna de estas dos ramas de la Iglesia ha captado plenamente la amplitud de la Gran comisión. Las Escrituras son claras en que el propósito de Dios para la Iglesia va más allá de la evangelización. Es más amplio que plantar iglesias. Es más profundo que el discipulado espiritual. Es más grande que confrontar las injusticias sociales. Es mayor que dar comida al hambriento.

 

La estrategia de Dios es tanto la proclamación como la demostración de las Buenas Nuevas. Ambas tienen un papel importante en la comunicación del Evangelio. Más y más iglesias y sus líderes están comprendiendo esto. Cuando las personas de todas las denominaciones que consideran Las Escrituras como su autoridad, escuchan ideas que están claramente reflejadas en La Palabra de Dios, las aceptan, las creen y las implementan. Están listas, en posición, esperando aprender cómo ser el Pueblo y la Iglesia que Dios quiere.

 

Las premisas moldean la manera como pensamos y actuamos. Las premisas que presento nos impulsan a ayudar a la Iglesia a cumplir su tarea:

 

Premisa 1: el mundo está seriamente herido. La sabiduría humana y los recursos materiales no pueden sanarlo. Haití es una ilustración patética de una nación destrozada, que no ha podido ser sanada por la sabiduría humana ni los recursos materiales. Es la nación más pobre de todo el hemisferio occidental. Miles de programas internacionales  y miles de millones de dólares han sido destinados para sanar las heridas económicas, sociales, políticas y espirituales de los ocho millones de habitantes de Haití.

 

A pesar del trabajo y de los recursos que han sido invertidos por los expertos humanos, hoy Haití parece estar destrozada como en 1980. Sus habitantes sufren. La esperanza es fugaz. Ochenta por ciento de la población de Haití vive en pobreza extrema y humillante. A pesar de las masivas inversiones de dinero, tecnología e ingeniería social, hay poca evidencia de sanidad a gran escala. Los recursos económicos no han sanado la tierra. Mis colegas haitianos están de acuerdo: el quebrantamiento del mundo no puede ser curado tan solo con sabiduría humana, tecnología o recursos materiales. Se necesita algo más.

 

Premisa 2: la sanidad para una nación o sociedad llega en la medida que Dios interviene sobrenaturalmente en la historia, y su pueblo responde en obediencia, viviendo como a Él lo indica. Las personas que tienen una perspectiva secular del mundo consideran que es una tontería pensar que la sanidad pueda venir de la obediencia a Dios. Para ellos el mundo físico es el único mundo real y la sanidad viene de la mente humana. Ellos aplican conocimientos, sabiduría humana, dinero y tecnología al quebrantamiento del mundo. Las enfermedades, hambrunas, pobreza, el subdesarrollo económico y la desigualdad social eventualmente se resolverán con el esfuerzo humano.

 

Por otro lado, las personas que tiene una perspectiva animista también encontrarán la segunda premisa difícil de creer. Para ellos el mundo espiritual es el único mundo real; el mundo físico es operado por espíritus o dioses, y los sufrimientos en el mundo son obra de estos espíritus caprichosos e imprevisibles. La sanidad para la sociedad vendría al tratar de vivir en armonía con los dioses, clamando a los espíritus y buscando escapar del sufrimiento en una vida futura.

 

La perspectiva bíblica, sin embargo, sostiene que una nación o sociedad no es sanada por la sabiduría o creatividad humana, o calmando a los espíritus, sino por medio de la intervención de Dios y la obediencia del hombre.

 

El Señor provee sanidad para los problemas del mundo, pero también trabaja a través de la gente. Él nos ha creado a su imagen y ha colocado su Espíritu en nosotros. A pesar de tenerlo todo, si Dios no trabaja en y por medio de nosotros, no habrá sanidad real. Como nos recuerda La Escritura, la problemática del mundo es sanada cuando Dios interviene sobrenaturalmente en vidas, sociedades y en la historia; y su intervención viene en respuesta a la humilde obediencia de su pueblo.

 

Premisa 3: La Biblia es la revelación de Dios para nuestra sanidad. Algunos productos tienen un manual del propietario, con instrucciones escritas por su diseñador o fabricante. Los fabricantes saben cómo fue hecho el producto y cómo debe ser usado para obtener el máximo beneficio.  Dios es nuestro hacedor, nuestro fabricante y La Palabra, su revelación escrita, es como el “manual del fabricante” para nosotros. En ella encontramos las instrucciones, los principios y la sabiduría para sanar los problemas del mundo.

 

Premisa 4: la Iglesia es la principal entidad de Dios para lograr su propósito de sanar todo lo que se dañó en la caída. Dios usa individuos, gobernantes, condiciones naturales y cualquier otra cosa que Él escoja para lograr su propósito en la historia. Sin embargo, Dios ha designado a la Iglesia como el principal administrador de su agenda para sanar un mundo herido. Su plan no será completado totalmente sino cuando Cristo regrese, pero hasta ese momento la Iglesia está llamada a representar y avanzar el propósito de Dios en la historia: “Reconciliar consigo todas las cosas”. La Iglesia, especialmente la iglesia local, es el principal instrumento de Dios para llevar a cabo su agenda en el mundo.