La Autoestima y la Biblia

Desde la antigüedad, las escrituras judío-cristianas han ofrecido varias de las mismas perspectivas reconocidas hoy día por los investigadores como beneficiosas para edificar la autoestima. La Biblia repetidamente menciona elementos del control y la eficacia propia, conectando el «hacer bien» con el «sentirse bien».

 

Toda persona tiene en su interior sentimientos, que según su personalidad puede manifestarlos de diferentes maneras. Muchas veces estas manifestaciones dependen de otros factores, según el lugar físico, sentimental y emocional, éstos pueden influir positiva o negativamente en la formación de la persona o sea en la Autoestima.

 

¿Qué es la Autoestima?

La autoestima se define como el sentimiento valorativo de nuestro ser, de nuestra manera de ser, de quienes somos nosotros, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad. Esta se aprende, cambia y la podemos mejorar. Es a partir de los 5-6 años cuando empezamos a formarnos un concepto de cómo nos ven nuestros mayores (padres, maestros), compañeros, amigos, etcétera y las experiencias que vamos adquiriendo.

 

Según como se encuentre nuestra autoestima, ésta es responsable de muchos fracasos y éxitos, ya que una autoestima adecuada, vinculada a un concepto positivo de mí mismo, potenciara la capacidad de las personas para desarrollar sus habilidades y aumentará el nivel de seguridad personal, mientras que una autoestima baja enfocará a la persona hacia la derrota y el fracaso.

 

Pero, ¿Qué pasa con la llamada “baja autoestima”?

Todos tenemos en nuestro interior sentimientos no resueltos, aunque no siempre seamos conscientes de estos. Los sentimientos ocultos de dolor suelen convertirse en enojo, y con el tiempo volvemos el enojo contra nosotros mismos, dando así lugar a la depresión.

 

Estos sentimientos pueden asumir muchas formas: odiarnos a nosotros mismos, ataques de ansiedad, repentinos cambios de humor, culpas, reacciones exageradas, hipersensibilidad, encontrar el lado negativo en situaciones positivas o sentirse impotentes y autodestructivos.

 

Cuando una persona no logra ser autentica se le originan los mayores sufrimientos, tales como, enfermedades psicológicas derivadas por lo general en depresión, neurosis y ciertos rasgos que pueden no llegar a ser patológicos, pero crean una serie de insatisfacciones y situaciones de dolor, como por ejemplo, timidez, vergüenza, temores, trastornos psicosomáticos, entre oros.

 

La autoestima es importante porque es nuestra manera de percibirnos y valorarnos, así como también moldea nuestras vidas. Una persona que no tiene confianza en sí misma, ni en sus propias posibilidades, ya sea por experiencias vergonzantes que lo han hecho sentir de esa manera, o por mensajes de confirmación o negativos, son trasmitidos por personas importantes en la vida de ésta, que la alientan o la denigran.

 

Otra de las causas por las cuales las personas llegan a desvalorizarse, es por la comparación con los demás, destacando de éstos las virtudes en las que son superiores, por ejemplo: sienten que no alcanzan lograr llegar a “niveles” que otros alcanzan; creen que su existencia no tiene una finalidad, propósito, ni sentido y se sienten incapaces de otorgárselo; sus seres queridos los descalifican y la existencia se reduce a la de un ser con muy baja autoestima. No llegan a comprender que todas las personas son diferentes, únicas e irrepetibles, por lo que se consideran menos que los demás.

 

La persona, va creciendo y formando su personalidad dentro del ambiente familiar, que es el principal factor que influye en la formación de la misma, ya que le incorpora a ésta los valores, reglas y costumbres que a veces suelen ser contraproducentes.

 

Algunos de los aspectos ya mencionados son incorporados, a la familia, por medio del “modelo” que la sociedad nos presenta, y éste es asimilado por todos los grupos sociales. Pero, la personalidad de cada uno, no sólo se forma a través de la familia, sino también, con lo que ésta cree que los demás piensan de ella y con lo que piensa de sí misma, al salir de este ambiente y relacionarse con personas de otro grupo diferente.

 

La autoestima, además es aprender a querernos, valorarnos, aceptarnos como somos y respetarnos; es algo que se construye o reconstruye en nuestro intelecto, pero depende (no enteramente) del ambiente familiar en el que estemos y los estímulos que este nos brinda.

 

Muchas de las heridas emocionales que tiene una persona, producidas en su niñez pueden causarnos trastornos psicológicos emocionales y físicos (psicosomáticos: cáncer, úlceras, hipertensión, trastornos cardíacos y alimentarios, problemas en la piel, depresiones, etc.), produciendo dificultades en la vida de las mismas (conflictos serios en el trabajo, disminución de la energía y de la capacidad creativa, relaciones matrimoniales desastrosas, no poder hacer o conservar amigos, poco entendimiento con las hijas e hijos).

 

Existen padres, madres, docentes o cuidadores que humillan, desprecian, no prestan atención, se burlan o se ríen del niño/a cuando pide ayuda, siente dolor, tiene un pequeño accidente, necesita que lo defiendan, expresan miedo, piden compañía, se aferra buscando protección, tiene vergüenza, etc..

 

Rescatando nuestra valía

Hay que tener en cuenta que el concepto de “autoestima” como sentimientos de valía basados en habilidades, logros, estatus, recursos financieros, o apariencia, puede conducir a que la persona se sienta independiente, orgullosa, e indulgente en la auto-idolatría, la cual embota nuestro deseo por Dios, pues “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” Santiago 4:6.

 

Si sólo confiamos en nuestros “logros”, inevitablemente nos quedaremos con una sensación de mérito basado en el orgullo. Jesús nos dijo: “Cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.” Lucas 17:10.

 

Esto no significa que los cristianos deban tener una baja autoestima. Sólo significa que nuestro sentido de ser una buena persona, no debe depender de lo que hacemos, sino de quiénes somos en Cristo. Necesitamos humillarnos a nosotros mismos ante Dios, y Él nos honrará. El Salmo 16:2 nos enseña: “Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti.”

 

Así los cristianos alcanzan valía y autoestima, teniendo una correcta relación con Dios. Podemos saber que somos valiosos, por el alto precio que Dios pagó por nosotros, a través de la sangre de Su Hijo, Jesucristo.

 

La Biblia nos dice que Dios nos dio el valor cuando nos compró para que fuésemos Su propio pueblo (Efesios 1:14). Por esto, solo Él es digno de honor y alabanza. Cuando tenemos una sana autoestima, nos valoraremos lo suficiente para involucrarnos en hacer y procurar siempre el bien a los demás.

 

Por ello, debemos conducirnos con humildad, pensando en los demás como superiores a nosotros mismos (Filipenses 2:3). El Apóstol Pablo nos advierte: “A cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.” Romanos 12:3.

 

Esa sencillez, que sería la media entre el orgullo vanidoso de quienes ostentan la soberbia como estilo de vida, y la baja autoestima del otro extremo que deriva en depresión, acompañada de sentimientos negativos, ya sean físicos, emocionales, intelectuales… propios de desaprobación, en Cristo tienen solución.

 

El apóstol Pablo, en su segunda carta a los corintios, escribió: “… De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas…” ¿Qué es estar en Cristo? Precisamente es vivir junto con Él, seguirle y obedecerle porque le amamos.

 

Reconocer que le necesitamos para alcanzar la plenitud en esta tierra, y que solo por Él podremos obtener la vida eterna. Estar en Cristo es anhelar ser como Él. Cuando nos dejamos abrazar por el perdón, la misericordia y el amor de Dios, nuestra vida jamás volverá a ser la misma, porque todo lo que el Señor hace es nuevo, único y con una nueva esperanza.

 

También es importante saber que parte de nuestra autoestima es reconocer nuestras raíces, nuestra procedencia genealógica y darle honor a nuestros ancestros, abuelos, padres y seres queridos, a quienes gracias a su vida, trabajo, y esfuerzo nos han legado la vida. Y para ello, existe Passaway.Org , una plataforma en la Internet, donde podemos rendir tributo en su memoria y celebrar la vida después de la vida.

 

No estaremos completos, si no reconocemos de dónde venimos, pues somos un eslabón en la cadena de la vida. Así que procedamos a valorar también a nuestros parientes, honrando y celebrando mediante un obituario, imágenes, audios, textos cada una de sus vidas, pues vivirán mientras los recordemos.

 

Recuerda: En Passaway.Org

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